La Coruña, ¿ciudad escaparate?

Soy coruñés por los cuatro costados, y defiendo mi coruñesismo allá por donde voy, procurando siempre no caer en el obcecamiento de creer que no hay nada mejor más allá del Puente Pasaje.

Me gusta Coruña, con A o con L, pero entendida como un rincón genial dentro de una globalidad, como parte de un mundo al que tenemos que abrir vías de entrada y salida.

Por eso, me desespera ver como muchos, que parecen vivir anclados en la seguridad de una vida resuelta, insisten una y otra vez en convertir a esta ciudad en una ciudad escaparate, para lucirla como se lucen las vajillas de Sargadelos y las cristalerías de bohemia en las vitrinas del salón. Ese salón expuesto para que lo vean las visitas, que obliga a la familia a comer atrincherada en la cocina todo el año y a no usarlo jamás para que siempre esté perfecto y nuevo.

No voy a hacer apología del feísmo, ni a ser tan cretino como para no reconocer que la ciudad es y está bonita. Resulta agradable para vivir, espectacular para conocer y visitar, y a todos nos encanta, cuando recibimos visitas, mostrarla como nuestro bien más preciado.

Pero es una ciudad al fin y al cabo, que además de turistas, tiene habitantes que viven aquí, que tienen que trabajar para sobrevivir y se encuentran diariamente con dificultades que merman su capacidad productiva. Y me refiero, al pequeño comercio, a la pequeña empresa, al autónomo… a la gran mayoría, en una palabra. Porque los grandes empresarios, no lo olvidemos, son cuatro. Me refiero a esos que cada día ven que no llegan a su puesto de trabajo porque el tráfico les mantiene prisioneros, eso sí, las vitas sobre la ría, son espectaculares; a esos que no pueden repartir ni recibir mercancía porque la ciudad está plagada de bolardos, mamotretos, carriles buses y demás lindezas, a esos que se dirigen día tras dia a los polígonos industriales y el bus urbano les deja a distancias imposibles, me refiero a todos esos que además de querer una ciudad bonita, quieren una ciudad en la que se pueda trabajar y generar empleo.

El escaparate está bien, pero sacudámonos un poquito el egoísmo social, y empecemos a usar el salón a diario, que para algo entra en la hipoteca.

José Antonio Ferreira

Presidente de Area Matogrande

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